Un Mundo Feliz


“La felicidad es un dueño tiránico, sobre todo la felicidad de los demás.”
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Un Mundo Feliz (Brave New World) de
Aldous Huxley

jueves, 12 de abril de 2012

Princesa I

Era una noche tormentosa, no eléctrica, pero si fuerte, estábamos a finales de Marzo de 2012, unos días antes de la huelga general que se había convocado en España.

La soledad de mi casa en Francia era patente, estaba yo solo echado en mi sofá, mientras intentaba distraer mi mente con la televisión, viendo la película Sospechosos Habituales, con esa magnífica actuación de Kevin Spacey y bajo la dirección de Bryan Singer.

Lo único que bebía era zumo de naranja natural con pulpa, una delicia, todo hay que decirlo. Mientras que estaba en el momento más álgido de la película, sonó cómo alguie tocaba en la puerta. Noche lluviosa, altas horas de la noche, y alguien inesperado tocando en mi puerta. Pausé con pereza la película, y me puse un jersey, que camuflaba mi desastroso atuendo de estar por casa. Me acerqué al hall, y busqué la mirilla de la puerta. Esa puerta francesa no tenía mirilla. Resoplé, y abrí la puerta sin saber qué podía encontrarme al otro lado, ¿un vagabundo? ¿un asesino en serie? ¿Keyser Söze, diciéndome que le debía algún favor?. Me reí para mis adentros, estaba desplazado por trabajo a Francia, y no estaba dentro de un guión de película. Demasiada soledad y demasiado aburrimiento en mi monótona vida en el país Galo.

Finalmente abrí la puerta, y una preciosa chica calada se encontraba al otro lado, parecía haberse metido en una ducha con la ropa puesta, y luego haber venido a mi puerta. Mi cara de sorpresa debía haber sido un poema, o al menos es lo que creo yo. Hice lo que toda persona cuerda hubiera hecho, saludar:

- Bonsoir!! -dije en mi más perfecto francés que había podido adquirir en los pocos meses que llevaba aquí.

La chica abrió los ojos como platos, como si hubiera visto un fantasma o quizás es que huía de uno y se asombraba de que yo no fuera otro, e hizo señas nerviosas para entrar. Pensé que notaba mi acento no francés, y que no la iba a poder entender.

Mi casa siempre está caliente en invierno, y fresquita en verano, cosas de la calefacción y el aire acondicionado, cuando la energía es más barata que en España. Pasó dentro dejando tras de si un charco, y empapándome la entrada. El desánimo no podía conmigo. Intenté comenzar una conversación en francés, pero ella se adelantó resoplando para sí misma, aunque audible un saludable "Dios mío, qué manera de llover". Ahora, el que abrió los ojos como platos fui yo.

- Hola. -dije con mi mejor castellano, este al menos lo llevaba practicando 28 años, y me imagino que se me daría mejor expresarme con la lengua con la que había nacido y sido educado- Me llamo Tahdar.

La mujer que no tenía nombre, me miró y pareció aliviarse:

- Hola. -me contestó- Creía que eras gabacho. -Se excusó.- Lo siento pero es que no entiendo ni papa de francés.
 
Esto era surrealista, una chica en Francia, había ido a parar a la puerta del único español a kilómetros a la redonda, y esta no tenía ni idea de francés, ¿realmente no sería que Keyser...? Sacudí mentalmente la cabeza para quitarme la estúpida pregunta de la mente.

- Pues menuda coincidencia. -le dije- Me imagino que eres española. Yo también. -La chica seguía sin tener nombre, ¿cuándo se presentaría? ¿O me mataría antes por orden de Keyser...? ¡¡Déjalo ya!! soltó un grito dentro de mi cabeza. Decidí que estaba escapándose mucho calor por la puerta, o colándose mucho frío, según se mirase, del lado del calor o del lado del frío.

No tenía ni idea que aquí había viviendo un español. Pero es la única casa con las luces encendidas a esta hora de la noche -me contestó, lógica aplastante. Ella seguía hablando, y yo seguía sin saber su nombre. Me dí cuenta que miraba nerviosa la puerta que tenía a mis espaldas.- ¿Podrías apagar las luces? -preguntó con un toque de desesperación.

En un acto reflejo di al interruptor de al lado de la puerta, y las luces se apagaron, la miré a los ojos y vi que se puso algo tensa, empecé a escuchar a alguien corriendo... cada vez más rápido, y cada vez más pisadas. Jadeos. Gruñidos. Me acerqué despacio al pomo de la puerta, para cerrarlo, pero la chica me agarró del hombro y se llevó un dedo a los labios, rogando silencio. Yo arquee las cejas, con sorpresa, pero retiré la mano del pomo, no hice ningún otro ruído. Las pisadas se empezaron a alejar. No había modo de ver a través de la puerta quién o quienes eran los que seguían.

Pasados unos minutos la chica se tiró al suelo y empezó a llorar. No me lo podía creer, ¿qué estaba pasando? ¿qué sucedía? ¿sería Keyser...? ¡¡Y dale!! me rugió mi mente. Me agaché, y la cogí, mientras que la decía que no pasaba nada, que todo había pasado ya. Cada vez lloraba más, aunque se aguantaba el llanto, un pequeño lamento si surgía de sus labios. Me agaché junto a ella, y la empecé a reconfortar tocándola el hombro, pero su lamento no se apagaba, ella cogió y me abrazó buscando protección. Lloraba en mi pecho, refugiando su cabeza en él, haciéndose un ovillo. Yo la devolví el abrazo, para apoyarla. Pasado un rato, que se me hizo eterno, se quedó dormida.

Me fijé que no era alta, a lo sumo medía 1'60 m, y era más bien delgadita. La llevé en brazos al sofá, y le quité el abrigo, el cual dejé en una silla para que se secase, cerca de un radiador, le quité las playeras que traía caladas y metí papel de periódico dentro para que se secaran pronto. Seguía con el pelo calado, traje una toalla de la planta de arriba y una almohada, envolví la almohada en la toalla, y le levanté la cabeza para ponérsela debajo, pero se despertó en ese mismo instante. No te vayas, no me dejes sola. -suplicó. Me senté en el sofá y ella apoyó su cabeza en mis piernas, quedándose dormida.

Las horas pasaron, mientras que yo miraba y analizaba esa extraña noche. ¿Qué había pasado exactamente? No era capaz de entender cómo había acabado esa noche, con esa desconocida durmiendo en mi sofá apoyando su cabeza en mis piernas. El sueño me podía y terminé cayendo también dormido en el sofá, rendido al cansancio de todo un día sin parar, y a una noche extraña dentro de las que haya.

Al día siguiente, al levantarme había una nota escrita con una fina escritura femenina,

"Gracias por todo,
                 Tabitha" 

No había más rastro, solo el barro de la entrada de la casa, que limpié descuidadamente, una toalla mojada, y la nota. ¿Volvería a ver a esa chica? No lo sabía, pero algo en mí, me decía que esa extraña noche permanecería en mi mente mucho, mucho tiempo. ¿Nó será que Kaiser...? -mi mente me dió un portazo mental, se escurrió, y tal como hice yo, se fue a dormir a la cama.

4 comentarios:

  1. Se nota que tu relato es ficción y ocurre en otro mundo parecido al nuestro, pero por una tara cientifica que no se puede dejar pasar. La energia NO ES BARATA. :) (en francia imagino que les saldrá más barata

    Por cierto, expliqueme usted la coña esa de Kaiser, que no la entiendo, y entonces no te compro el libro

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  2. Es cierto sería más barata que en España.

    ¿Has visto la película de Sospechosos Habituales? Quizás ahí enternderías lo de Kayser Söze.

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  3. Puedes cambiar el color del fondo del blog?, me estoy quedando ciega al leer blanco sobre negrooooooooooooooooooo

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  4. Ja ja ja. Ok, lo haré cuando tenga algo de tiempo.

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