Un Mundo Feliz


“La felicidad es un dueño tiránico, sobre todo la felicidad de los demás.”
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Un Mundo Feliz (Brave New World) de
Aldous Huxley

viernes, 13 de abril de 2012

Princesa II

No he tardado en volver a escribir acerca del acontecimiento que cambiaría mi vida, y las percepciones que tenía de esta.

Solo necesitaba un empujoncito para volver a escribir, y a petición de Tabitha lo he hecho. ¿Eso significa que la volví a ver? Sí. Pero es una larga historia dejadme que continúe dónde me quedé.

Me levanté de la cama con un resfriado considerable, todo hay que decirlo, al final había sido yo el que se había costipado. Lo primero que hice fue salir como un moco de la cama, e irme directo al baño, donde curiosamente esta vez no me dí una simple ducha, preferí darme un baño de agua bien caliente.

Me metí en la bañera con el agua caliente y pose mi iPhone nuevecito con música, la banda sonora de Miami Vice (Corrupción en Miami, para aquellos no versados en los títulos originales de las películas). Ese baño hizo que parte de mi catarro se fuese por el desagüe. No voy a aburriros con los detalles que terminaron conmigo fuera de la casa, vestido, y dispuesto a otro día memorable en La France.

Había quedado con unos amigos para ir por la tarde a tomarnos unas cervezas, y cogí el coche hacia el centro de Toulouse. Mientras que conducía seguí dándole vueltas a la cabeza a la extraña experiencia de la noche anterior. Pero preferí centrarme en la conducción, todavía recordaba mi primer día en el país al norte de España. Un reventón de rueda por la noche, en una carretera nada transitada. Tuve que llegar a casa con la llanta del coche. Otra vez me evadía de la conducción. Mal, muy mal.

La tarde fue entretenida, unas carcajadas, unas cervezas y de nuevo para casa. Me despedí de mis compañeros antes de volver hacia el coche, y con paso firme comencé a caminar hacia el párking donde había dejado mi vehículo. Volvía a llover en la ciudad francesa. Me gusta la lluvia, pero todo hay que decirlo, no me gustan los torrentes de agua. Iba preocupado acerca de la intensidad de agua que caía del cielo, cuando volví a verla. Esta vez iba preparada, y llevaba un paraguas. Aceleré el paso, y cuando estaba a su lado solté, Hola Tabitha. Su primera reacción fue un pequeño respingo, tengo que reconocerlo, a veces puedo ser bastante brusco, pero esta vez no lo había sido.

- Hola. -me contestó mirándome extrañada, pero pasados unos momentos, me reconoció.
- ¿Qué tal? -le dije con normalidad, como soy yo, sin complejos- Espero que no te resfriaras, ayer estabas empapada, y hoy por la mañana habías desaparecido.

Para mi desgracia no me había fijado que Tabitha estaba acompañada, e iba cogida de la mano de un chico. Pensé para mis adentros, un profundo Cagada. Tahdar, la has cagado. El chico en cuestión soltó la mano de Tabhita, y preguntó, aunque más bien fue una afirmación con un grado de volumen considerable:

- Ayer me dijiste que habías estado con unas amigas y que habías vuelto a casa tarde. -chilló, sin reprimir un poco aunque estuvieran en medio de una avenida, en la vía pública. Buenos pulmones pensé, mientras que casi me llevo las manos a los oídos, Otro español.

Sacudí la cabeza, para decir un Oye tranquilo, cuando el sujeto en cuestión levantó la mano para golpearla, hecho una furia. Desgraciadamente para él, tengo buenos reflejos y conseguí apartar a Tabitha. Desgraciadamente para mí, recibí el golpe yo en su lugar. Poco después me enteré que se mataba todos los días en el gimnasio a hacer pesas.

El tío cogió de malas maneras el paraguas, casi arrancándoselo de las manos a Tabitha. Me miró desafiante, y se marchó a buen paso continuando su camino, se volvió y la miró. - ¿Vienes? -la preguntó más que con una pregunta, con una orden. Yo permanecía de pie y casi inmutado. La miré, y puse los ojos en blanco. Ella empezó a dirigirse hacia él, sumisa. Yo me acerqué, un poco y le dije a media voz, - No tienes por qué hacerlo. -la dije mirándola a los ojos. Tabitha dudó unos momentos. Me miró y negó con la cabeza. Ni una palabra me dirigió, aunque vi en sus ojos, un reflejo de esperanza al mirarme.

Se fue acercando al cuestionable sujeto, y cuando llegó a su altura, este la cogió fuertemente del brazo y empezó casi a arrastrarla. - Cuando lleguemos a casa vamos a tener una pequeña charla. -logré escuchar a duras penas.

Quise moveme hacia ellos, pero el golpe me había dejado sin respiración, y si queria permanecer de pie y aparentemente ileso, no debía de mover. Vi como desaparecían léntamente de mi vista, y al final, la lluvia les hizo desaparecer en la noche. En ese instante empecé a boquear, y a encogerme del dolor, empecé a toser fuertemente, la lluvia ya me había calado, y en mis ojos saltaban lágrimas.

Después de un rato, mi cuerpo empezó a olvidar el dolor, y aunque permanecía residualmente, me encaminé hacia el párking. Canjeé el tiquet pagando una cuantiosa cantidad para el tiempo que había estacionado, y me subí al coche. Arranqué el coche y empecé a escuchar la música de mi iPhone, me lo había dejado dentro. Mil veces me lo olvidaba, y hoy no me había dado cuenta, por enésima vez.

Mientras que conducía se apagó un momento la música, avisándome con eso que habría recibido alguna de las mil notificaciones que me llegaban, sería algún whtsapp, o correo, o de algún juguecito que tenía instalado.

Llegué a casa, y cogí, ahora sí el móvil. Miré y tenía un whatsapp de un número que no tenía. Me lo volví a meter en el bolsillo y subí al cuarto de baño, me miré que tenía un bonito moratón donde aquel sujeto me había golpeado. Imbécil, le dije al sujeto dentro de mi mente. Si yo fuera Keyser... empecé a pensar cuando mi mente me plantó cara: Joder, macho, que no eres Keyser Söze. Mejor dicho, no hay ningún Keyse Söze, es una invención de una película. Mi mente siempre tan racional. Y contra mi mente no había discusión posible.

Me miré al espejo una vez más y cogí el móvil del bolsillo, leí el mensaje, un escueto "Lo siento. Me siento fatal por lo que ha pasado esta noche." No podía ser otra persona más que Keyser Söze o Tabitha. No sé porqué pero me decantaba más por la segunda opción. Mi mente hizo la ola. ¡Por fin te das cuenta! No hay ningún Kay... ¡¡Calla!! Esta vez hice acallar a esa vocecilla molesta... Quizás el sujeto trabaje para... Y dale... Algún día tendré razón... Te recuerdo que “El mayor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía” Sí, realmente llevaba desvariando mucho tiempo, demasiada soledad en Francia. Volví a releer el mensaje, no había duda de la autora, Tabitha, pero cómo había conseguido mi móvil. Era claro, siempre me dejo los móviles en medio del salón, viviendo solo, y sin visitas (y aunque las hubiese, ¿qué más daba?), debía haberse hecho una llamada perdida, fui a llamadas salientes, y ahí estaba el número de su móvil, y la hora era de esta mañana, a las 6:03. Esa es la hora a la que se tuvo que haber ido. Sacudí la cabeza, y escribí en el whatsapp, un escueto: "No pasa nada. Mea Culpa por no haberme fijado."

Esperé respuesta durante cinco minutos, y al ver que no había respuesta, lancé el móvil a la cama y me preparé para acostarme. Muchas preguntas revoloteaban en mi cabeza ¿De qué huía la noche anterior? ¿Por qué le dijo al sujeto que había pasado la noche con sus amigas y no la verdad? ¿Cuál era la verdad? Esas preguntas y otras rondaban mi mente, hasta que me quedé adormecido.

Tan solo deciros que esa noche no sería la última que volvería a saber de Tabitha. ¿Sabéis porqué? Porque todavía no he llegado al momento en que ella me pidió que escribiese esto.

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