Habían pasado unos días desde mi último encontronazo con Tabitha, y con aquel sujeto que tenía como pareja. Había vuelto del trabajo y estaba muy cansado, pero todavía me rondaba por la cabeza aquella cabellera cobriza de Tabitha. A pesar de haberla escrito un whatsapp de vuelta no había recibido ninguno más por su parte, en mi más profundo de mi ser anhelaba escribirle algo, saber de ella, si se encontraba bien, conocer qué había pasado posteriormente a habernos separado, cada uno por su camino.
Volví a mirar el móvil, ansioso quizás por ver algo que llevaba buscando desde hace días, ese mensaje que me diera una pista de si se encontraba bien. Había mirado periódicos, buscando casos de violencia sexista, o necrológicas. Nada, pero eso no me tranquilizaba mucho, todo hay que decirlo.
Yo trabajaba en una empresa como perito para investigar los accidentes de aviones, para las aseguradoras y para aviación civil, y mi mente racional, se centraba en encontrar esos pequeños detalles que se les escapaba a la mayoría de las personas. Y eso es lo que estaba buscando, un pequeño detalle que pudiera darme alguna pista que pudiera dejar mi mente tranquila. Seguramente por propio egoísmo, para acallar esa mente mía que me reprochaba haber cometido un fallo tan grande.
Sacudí la cabeza un par de veces... no había modo de relajarse. Respiré profundamente. Intenté separar esos sentimientos de mi mente. Una idea se me vino a la mente, ¿Quizás Kayser Söze tenía algo que ver? Noooo... Otra vez nooo. Mi mente se desesperaba cada vez que pensaba en Kayser Söze, y cualquier malévolo plan que le pudiera atribuir. Pero Keyser Söze es un personaje inventado por Christopher McQuarrie, el guionista de Sospechosos Habituales. Söze es uno de los más poderosos jefes criminales del bajo mundo cuya
influencia y despiadada forma de ser le dan un estatus legendario,
incluso mítico, entre los agente de la ley y los criminales. Todo eso yo lo sabía, pero siempre que quería retribuir algo malo, tenía una persona en mente, Söze, mejor ficticio que real. Al menos si realmente Söze era ficticio, no podría demandarme por injurias.
Al grano, para relajarme una ducha rápida, con el agua algo fría, para relajar músculos, y sobretodo, porque el frío haría que dejara de pensar en ella algún rato. Al salir de la ducha, una buena cerveza, cuando iba a cogerla el móvil vibró. Miré qué es lo que había hecho que mi móvil llamara mi atención. Un mensaje de la mujer de mis pensamientos, Tabitha. Me emplazaba a vernos donde nos habíamos visto hace unas noches, cerca de Jean Jaures, en el centro de Toulouse. ¡Está viva! Mi mente rugió en la cabeza, y mi corazón empezó a acelerarse ¿Con qué tu también estabas preocupado por ella? le pregunté a mi subconsciente ¡Cállate y vámonos! me contesto. ¿Para qué razonar con mi propia cabeza?. Dejé mi cerveza olvidada encima de la encimera, y cerré la puerta del frigorífico, para luego lanzarme a por mi abrigo y las llaves del coche.
Tardé pocos minutos en llegar, ella me estaba esperando dentro del Pub Irlandés donde días antes había estado con mis colegas. Casualidades de la vida, diríamos aquellos que no creemos en el destino. Allí estaba esa cabellera rojiza, una preciosidad de mujer, todo hay que decirlo. La miré atentamente mientras ella miraba el teléfono. Sonreí para mis adentros. Me fijé esta vez que no estuviera acompañada, me acerqué hacia ella, pero antes de llegar levantó la cabeza, y me sonrió.
- ¿Puedo? ¿Esta libre? -pregunté lanzando una pullita. Ella sonrió, y asintió.
- Sí, creo que hoy no vas a recibir ningún golpe dirigido a mí. Lo siento. -se disculpó.
- No pasa nada, soy una roca. -le dije sonriendo y quitándole hierro al asunto. Ella me miró asombrada.- Estaba preocupado por ti. ¿Cómo estás? ¿Una cerveza?
- Bien, siento lo que sucedió la otra noche. -me dijo- Prefiero una copa, no me gusta la cerveza. Es que es muy celoso, pero en el fondo es buena persona. -En ese instante negué yo con la cabeza, no podía ser buena persona si llega al ámbito físico como forma de canalizar su frustración o celos.
Estuvimos charlando un buen rato, yo solo me pedí una cerveza más, y ella otro par de copas. Hablamos de todo, qué hacíamos ambos en Toulouse, ambos estábamos allí por trabajo. Qué habíamos estudiado, ella había estudiado historia y literatura, aunque trabajaba de periodista de investigación. Sus respuestas eran más bien evasivas, pero no me importaba, ella estaba allí y yo a su lado, y esta vez no era necesario estar preocupado, ni había lágrimas en esos ojazos. Me propuso dar una vuelta por ciudad.
Fui a pagar la cuenta, con la escusa de ir al baño. Hice ambas cosas, y me dirigí hacia la mesa. Su sorpresa fue mayúscula. Y yo me reí con ganas. - Te la debía por el golpe que me llevé. -dije a duras penas conteniendo las lágrimas.
Seguimos hablando de nuestras respectivas vidas mientras que caminábamos por la calle, hasta que llegamos al río Garona o como lo llaman allí Garonne. Nace en el Pirineo central, en el Valle de Arán. Un río español que riega las tierras francófonas. Atravesamos uno de los puentes más bonitos de Toulouse, y nos quedamos mirando el río. Sin decir nada, ella se acercó a mí, acurrucada. -Tengo frío. -me dijo, y se acurrucó en mí, yo me desabroché la chaqueta, y la hice hueco dentro, dándole parte de mi calor. Su boca se acercó lentamente a la mía, y su mano cogió la mía, con dudas. Permanecí impasible, hasta que esos labios me llamaron a besar los suyos. Lentamente nuestros labios se encontraron.
Pasados unos segundos, estos se separaron, ella no habló, me miró a los ojos y yo le devolví la mirada. Suspiró y se resguardó abrazándome por dentro de mi chaquet, amientras lloraba en silencio. Pasamos un rato, mientras que yo miraba el agua cruzar por debajo nuestra.
Al rato, comenzamos a caminar, cogidos de la mano hacia donde había aparcado mi coche. No hacían falta palabras. Llegamos al coche y ella se sentó sin decir una palabra. Se veía en sus ojos una mezcla de tristeza, esperanza, y desasosiego. La miré mientras entristecía mi mirada por verla así.
- ¿Dónde quieres ir? -le pregunté, realmente no deseaba dejarla ir, deseaba que se quedase esa noche junto a mí. Su respuesta fue clara, y me sorprendió gratamente:
- Contigo. -me contestó pidiéndolo por favor con la mirada. Me encogí de hombros, y sonreí, para decir un escueto- Hecho.
Durante el camino fuimos los dos en silencio, pero cada vez que yo tenía alguna pregunta, mi propia mente me recordaba que no sería buena idea hacerla. Pero no me importaba, lo que me importaba es que ella estaba allí, a mi lado, junto a mí, y voluntariamente, esperaba. ¿Será que Keyser...? No hizo que mi mente me hiciese callar, ya lo hice yo solito. Menuda tontería, Keyser no existía.
Llegamos a mi casa pocos minutos después, se había quedado dormida en el asiento del copiloto. La miré con toda la ternura de mis ojos. Abrí la puerta de mi casa y volví al coche. La desabroché el cinturón, y la levanté en vilo. Ya me estaba acostumbrando a esto, y me gustaba. Sería masoca. Negué mentalmente con la cabeza. La dejé en el sofá del salón, y cerré el coche, y la puerta de la casa. Estaba cansado por los sentimientos que se arremolinaban a mi alrededor. El corazón galopaba en mi pecho de la emoción de tener por segunda vez a esa preciosidad en mi casa. Me quité la chaqueta y puse más fuerte la calefacción. Le coloqué el pelo, y se despertó para acercar su cara a la mía y darme otro beso, lleno de cariño.
- ¿Tienes hambre? -le pregunté, yo no lo tenía, pero nunca se sabía si ella sí. Tabitha negó con la cabeza.- ¿Me enseñas la casa? -me preguntó, mientras que se mordía una uña del dedo índice de forma juguetona. Mi respuesta fue cogerla de la mano y subir con ella hacia la planta de arriba.- Por supuesto.- Le enseñé los tres dormitorios, y le pregunté cuál era el que prefería. Ella se dirigió, hacia el mío.- Es este el tuyo. -me preguntó, sabiendo la contestación.- Claro, ¿prefieres este? Yo me puedo cambiar. -me miró juguetona- No sé, este me gusta, creo que podrás dormir donde yo duerma. ¿Te parece bien? -Claramente me parecía bien.
Apagó la luz de la habitación y se acercó juguetona hacia mí, para besarme, y mientras que nos besábamos la levanté en vilo, y la tumbé en la cama. Nuestras manos se buscaron en la oscuridad de la habitación. Nuestros labios se encontraron varias veces. Mis labios encontraron su cuerpo, y los suyos el mío. La luz de la luna iluminaba la habitación. Cuando desabrochó mi camisa, vio el moratón que todavía permanecía en mi piel, como una cicatriz de guerra.
- Lo siento mucho. -Me dijo mientras que su cabellera cobriza me acariciaba parte de mi cuerpo y ella observaba y acariciaba el moratón.- ¿Duele? -Dijo mientras me besaba la zona amoratonada. - Es muy fuerte, se pasa las tardes en el gimnasio haciendo pesas. Está pensando en meterse a militar, y entrena para superar las pruebas de acceso físicas.
- Vaya, pues sí que encontró un buen punching ball. -le dije quitándole seriedad a su comentario. Ese tío no me iba a arruinar el momento.
Poco a poco fuímos desnudándonos, en su cuerpo le ví moratones, y en ese instante me pudo la furia, me senté en la cama, y ella comprendió lo que pasaba. Me hizo recostarme de nuevo.- Luego te preocupas de eso, pero ahora eres todo mío. -me dijo besándome.
Aquellos que no les importe que haga una descrioción más completa de lo que sucede esa noche, que me lo hagan saber.
ResponderEliminarUn saludo!