Habían pasado varias semanas, quizás un mes, no lo recuerdo bien, desde que la investigación por el asesinato del ex de Tabitha había comenzado. No había datos concluyentes y lo poco que había les llevaba a un callejón sin salida. A las pocas semanas, el caso quedó cerrado como un allanamiento de morada. Parecía que habían desaparecido algunas joyas, y obras de arte.
Cuando fuimos a ver el piso, haría una semana atrás, nos encontramos con el piso tal y como lo encontró la policía. Tabitha tuvo que hacer un recuento de lo que faltaba. Con eso también se interpuso denuncia.
Tabitha no se lo podía creer. ¿Cómo era posible que la vida de una persona valiese los objetos materiales? No había explicación lógica al respecto, no había ninguna lógica. Y sobretodo, donde no había lógica, era el robo, y el asesinato. ¿Cómo era posible que les hubiera dado tiempo de hacer todo ese destrozo en tan poco tiempo? ¿Cómo era posible que hubieran registrado hasta el dormitorio, después de cometer el asesinato y luego nadie hubiese visto nada?
Esa lógica aplastante carcomía mis pensamientos, mi cabeza estaba a punto de estallar, pero no era posible, había algo que se me pasaba, ¿dónde estaba la sangre? ¿nadie había escuchado ni visto nada? ¿la gente ocultaba algo? No comentaba nada a Tabitha para evitar que se entristeciese recordando los funestos acontecimientos.
Ella vivía conmigo, para no volver a pisar el piso, donde ocurrió el asesinato. Habíamos comenzado a tener una relación más o menos normal, tanto como podía darse en esas circunstancias, donde el fantasma del pasado se paseaba entre nosotros. Durante cierto tiempo la pillé llorando a escondidas, o pesadillas de las que intentaba zafarse.
Ella seguía trabajando como periodista de investigación, y yo estaba seguro, aunque no me dijese nada, que daba y daba vueltas a su cabeza a las circunstancias del asesinato.
Como ya he comentado, había muchas cosas que no podía quitarme de la cabeza, y estaba resuelto a resolverlas. Compré una alfombra grande cuyo tejido era idéntico al que había visto en la escena del crimen. Compré unas garrafas de agua, y tinte rojo especial que dejaba la textura y color de la sangre. Lo metí todo en el maletero de mi coche y aproveché mi horario bastante incompatible al de Tabitha. Me fui a un descampado cerca de mi casa, y desplegué la alfombra. Luego eché el tinte dentro de las garrafas de agua y mezclé. Esperé un rato, y empecé a verter sobre la alfombra, para dejar una mancha igual no tuve que derramar casi nada de la garrafa de cinco litros. El resto de la garrafa estaba casi al completo, y por lo que sabía, un cuerpo humano tenía mucha más sangre. Y muchas más sangre que la que estaba manchando el coche.
Estuve un rato sentado observando la garrafa y la alfombra. Mi subconsciente habló por si solo Venga, échale narices. Has hecho un trabajo perfecto de investigación. Era una de las pocas veces que quizá. Recorté la mancha de sangre de la alfombra. Metí la garrafa y el resto de la alfombra en el maletero del coche, y me subí a el. Me dirigí hacia comisaría. Aparqué el coche cerca de la comisaría., y fui a buscar al comisario.
Ya en la comisaría pregunté por él y me hicieron esperar un rato. Cuando al fin me llevaron a su despacho, me miró sorprendido:
- Bonsoir monsieur(1) -me dijo- ¿En qué puedo ayudarle?
- Bonsoir monsieur Auguste -le respondí- Creo que hay detalles sobre la investigación que no se han tenido en cuenta.
El comisario arrugó el entrecejo, y me miró.
- ¿Qué detalles? -preguntó intrigado- Porque el caso ha sido cerrado.
- Sí, se que el caso ha sido cerrado. Pero no creo que se hayan tenido en cuenta todas las variables. -dije sacando el trozo de alfombra. En ese momento palideció.
- Vous êtes en état d'arrestation pour vol de preuves!!!(2) -exclamó llamando a unos policías.
En ese momento entraron unos agentes de policía que me redujeron sin que yo pusiera ninguna resistencia.
Me llevaron directamente a la sala de interrogatorios donde me estuvieron preguntando a cerca del robo de las pruebas, a cerca de cómo había entrado y salido del laboratorio, y un gran y sinfín número de preguntas, a las cuales negaba mi implicación, les conté cómo había obtenido ese recorte de alfombra, cómo la había manchado, y recortado. No me creían, y al final terminé dando a parar con mis huesos al calabozo.
Pasadas unas horas, llegó el comisario, sonrojado, y abrieron la reja.
- Monsieur, -empezó a decir mientras que salía yo del calabozo- debo de disculparme con usted. Robaron las pruebas del laboratorio, pero ya me han confirmado que no se trata del mismo tejido, ni es sangre lo que usted ha traído. Lo siento mucho, pero desde que las pruebas desaparecieron del laboratorio, me han presionado mucho desde arriba para que cerrara el caso.
Le miré con indignación, ¿dónde estaba el principio de inocencia básico? No, como siempre, había desaparecido.
Me devolvieron mis objetos personales, y al mirar el reloj me di cuenta que eran cerca de las 4 de la mañana, en mi teléfono móvil tenía decenas de llamadas perdidas de Tabitha y varios mensajes suyos. Al salir de la comisaría, me la encontré allí.
Salí con ella de la comisaría, mientras las nubes descargaban lluvia sobre la ciudad de Toulouse. Sin hablar, caminamos hacia el coche. No sabía qué le habían dicho, pero se que estaba cada vez más enamorada de mí, y yo de ella.
Al llegar a casa, le conté toda la historia. Sabía perfectamente lo mal que lo había pasado al ver que no llegaba a casa, y que no le cogía el teléfono. Sabía perfectamente las miles de ideas que habían pasado por su cabeza hasta que la llamaron y le dijeron que estaba detenido. Recuerdo perfectamente lo que me dijo una vez acostados y abrazados esa noche:
- La próxima vez que hagas algo así, y vayas a comisaría, avisa, capullo.
Un trueno se escuchó en la distancia, y la lluvia golpeteaba las ventanas. Dios lloraba sobre Toulouse.
(1) Buenas noches (Se dice a partir de las 18:00 aunque haga sol)
(2)¡¡Queda usted detenido por robo de pruebas!!
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